Hay que pensar y hablar diferente en Puerto Williams. Si decimos “norte”, por poner un ejemplo, en este lugar miran con cara de interrogación. Pues obviamente. Todo el mundo –de Punta Arenas para arriba– es “norte”. Si se es colocolino, por dar otro ejemplo, le sacan en cara el himno que dice “Cantemos todos de Arica a Magallanes“, porque Magallanes, el famoso Estrecho, está lejos, al nor-norponiente de aquí.
Entonces, uno tratará de explicar que el verso se refiere a la Región de Magallanes y la Antártica Chilena, la más austral de Chile, donde se encuentra el Canal Beagle, el mismo que separa a Tierra del Fuego de Navarino, la isla donde se levanta Puerto Williams. O sea que ellos también están incluidos, que no hay para qué sulfurarse, y que mejor hablemos de otra cosa. De política. O religión.
Puerto Williams vive un momento especial. Y si uno no se da cuenta, se lo dicen en la cara: hay expectativas. De partida, saben que del otro lado del Beagle, en el sector argentino de la silenciosa Tierra del Fuego, Ushuaia desborda de turistas cada temporada. Y que algunos de esos forasteros ya se pasan a esta orilla del Canal aunque sea por el día. O que al menos preguntan por Williams. O que, enterados de la polémica sobre cuál es verdaderamente “la ciudad más austral del mundo”, prefieren llevarse el timbre de las dos en el pasaporte.
Si no conoce la disputa, en dos líneas dice así: Williams está evidentemente más al sur que Ushuaia, pero los argentinos argumentan que el puerto vecino es muy pequeño para ser una “ciudad” propiamente tal.
Vamos viendo. Williams tiene un liceo, un edificio de servicios públicos, un par de muelles, un puñado de calles, y el museo Martín Gusinde, reinaugurado en una nueva y mucho más amplia sede (vale la visita especialmente para conocer la historia de la etnia yagán, y de las primeras exploraciones en la zona). Además, el puerto tiene algo de comercio, un par de discotecas de miedo (por lo temibles), un pintoresco club-bar-centro social para yatistas que funciona en un viejo buque (el Milcalvi), y un bonito café, Angelus Irish Coffe, con buenas tortas caseras hechas cada día, y que es especialmente recomendable por la conversación de Loreto, la dueña, una “nortina” de Osorno, quien se vino a esta zona de puro valiente, con ganas de construir su propia oportunidad.
Finalmente, este puerto tiene unos dos mil habitantes. Buena parte de la población local lleva uniforme. Son marinos que la Armada tiene apostados, junto a sus familias, en este lugar que por años fue una base naval más que un pueblo propiamente tal. Otro sector de la población está formado por ex marinos que algunas vez estuvieron destinados aquí y que decidieron quedarse, o que volvieron a ganarse la vida luego de jubilar. Y resta un puñado de civiles genuinos que se dedica a la pesca, al comercio o cada vez más al turismo.
OK. El balance “urbano” de Puerto Williams es más bien escuálido. Hasta la misma web del municipio evita las comparaciones y habla sencillamente de la “zona” o “localidad” más austral del mundo.
Pero hay señas de cambio. Incipientes y decidoras. Pequeños empresarios locales reorientan recursos al turismo, como Soledad Mancilla, quien recicló uno de sus tres barcos pesqueros (El Patriota; askhila1@yahoo.es) para dedicarlo a viajes de placer a zonas como Wulaia, o a las islas Picton, Lennox y Nueva, las mismas por las que Chile y Argentina casi iniciaron una guerra. Además, medios regionales hablan de inversionistas mayores que sondean permisos y terrenos para levantar al menos un par de proyectos de hotelería cinco estrellas en la isla. Mientras, en las afueras de Williams ya se instaló un alojamiento que perfectamente podría catalogarse de boutique y que es la gran inversión turística de la zona. Es Lakutaia, un proyecto de diseño cuidado y servicio de alto nivel, que replica el estilo integral de taquilleros hoteles como los Explora, proponiendo programas de actividades que incluyen todo, desde sobrevuelos al Cabo de Hornos y navegaciones de varios días por los canales de la zona, hasta viajes por el día a la bella caleta Wulaia, precisamente uno de los hitos más atractivos de la isla Navarino.
Una de los sectores usuales para salir hacia Wulaia es Puerto Navarino, hacia el oeste de Williams, hasta donde se llega por el camino único que bordea la costa norte de la isla. Siempre con el Beagle a la vista.
Mientras uno serpentea por esta ruta, ve montañas azuladas y coronadas de nieve al otro lado del canal, pequeñas lagunas, bahías de aguas tan verdosas que recuerdan al Caribe, y bosques de lengas y coigües. También se ve el insólito daño que provocan los castores, bichos que aquí (casi) nadie encuentra tan simpáticos porque son una dañina plaga.
En esta misma ruta vale la pena detenerse en el cementerio yagán de Caleta Mejillones, donde estuvo el último reducto indígena de la región antes de que sus escasos descendientes fuesen trasladados a Ukika, una villa que aún se puede visitar en Puerto Williams. Si el guía es el adecuado (y el día también), habría que salirse del camino para hacer un pequeño trekking hasta la bonita cascada de Los Bronces.
Al final del camino, Puerto Navarino se anuncia con un par de casonas, una abandonada y otra que sirve de puesto naval.
Puerto Williams suena a historia conocida. Ésa del pueblito perdido y tranquilo, rodeado de bellos paisajes, que un día se llena de extranjeros ingeniosos que abren restaurantes y hoteles onderos donde antes había casas cayéndose a pedazos, y a donde pronto todo el mundo quiere ir. Así pasó en San Pedro de Atacama. Y así está pasando, hace rato ya, en Puerto Natales.
Pensamos en esto mientras navegamos hacia Wulaia, y revisamos unos apuntes.
En los últimos años, el poblado multiplicó por cinco sus camas con baño privado. Una estadística impresionante, que conviene aterrizar: significa que pasaron de ocho a poco más de cuarenta. La mayoría en pequeños hostales familiares, como el muy recomendable Akainij, de Julio y Gaby, ese tipo de gente que dan ganas de abrazar cuando uno se va. Aquí tienen cinco habitaciones cálidas, un estar sencillo y acogedor, y notable cocina: pura comida casera en porciones generosas. En el fondo, es como estar en la casa de un vecino.
Esta posada y otras que se pueden ver en ecoturismocabodehornos.cl (donde también hay información sobre rutas y actividades), son parte de un proyecto de desarrollo que promueve EuroChile (eurochile.cl) con entidades como la asociación de turismo local, y con el apoyo de InnovaChile de Corfo. La idea es capacitar a la gente para que se prepare, desarrollen infraestructura turística, se capaciten como guías y estén listos para recibir a los foraesteros. Y para que no les pase lo que a muchos vecinos de Natales y sobre todo de San Pedro de Atacama, que cuando entendieron que el turismo era el gran negocio, ya casi toda la oferta estaba copada por forasteros y no les quedaba más que reclamar.
Para este proyecto público-privado, que se está jugando por un puñado de destinos chilenos con mucho potencial y todavía poco conocidos, la idea es que en siete años la provincia reciba unos 43 mil turistas anuales. Actualmente se habla de unas siete mil, según las únicas estadísticas más o menos confiables: la de los pasajeros que desembarcan en Cabo de Hornos, uno de los principales atractivos de la zona y una ‘marca’ geográfica posiblemente tan atractiva y legendaria en el mundo como lo es Patagonia.
Lejos de las cifras, uno empieza a creer que Williams podría seducir a más y más turistas cuando mira alrededor.
Desde el mismo pueblo se observa una majestuosa cadena montañosa con un nombre difícil de olvidar: Dientes del Navarino.
En torno a este macizo ya se promueve “el trekking más austral del mundo”, un circuito de poco más de 50 kilómetros que rodea estas cumbres, y que se hace en cuatro o cinco días, con dificultad media-alta.
También desde el pueblo se pueden hacer trekkings de exigencia media, y hay opciones más sencillas como el bonito sendero del Parque Etnobotánico Omora, a tres kilómetros del pueblo. A falta de mayor variedad de árboles, los helechos forman sorprendentes bosques microscópicos, y varios guías –Julio y Gaby, de Akainij, entre ellos– se han especializado en una curiosa variante: el turismo con lupa. Imperdible.
Pero también hay problemas que resolver. El principal es el de la comunicación. Para llegar a Puerto Williams sólo se cuenta con las avionetas de Aerovías Dap (que demoran una hora y 15; también hacen sobrevuelos en Cabo de Hornos) y el ferry semanal de Transbordadora Austral Broom, que tarda 34 horas desde Punta Arenas y que sale sólo los miércoles (ver recuadro).
Por eso, uno de los temas primordiales en la zona es mejorar e incrementar el tránsito directo desde y hacia Ushuaia, que tiene aeropuerto internacional y flujo de pasajeros prácticamente durante todo el año.
Hasta ahora, hay empresas que hacen servicio diario desde el lado argentino, pero las chilenas enfrentan trabas que se están negociando.
También está el clima. Como pasa en toda Patagonia, los turistas (más que todo los chilenos) creen que esta región es demasiado fría en invierno, así que la temporada baja es bajísima. Lo cierto es que, sí, el clima es más frío. Pero nada que no resuelvan una parka y bototos.
Fin de los apuntes. Wulaia está al frente.
Wulaia es una bahía tan bonita como bien protegida para los barcos. Se entiende que aquí se hayan hecho los primeros intentos de colonización en la zona. Por razones que nadie explica de manera definitiva todavía, Wulaia era una especie de punto de encuentro para numerosos grupos de yaganes, una etnia más conocida por desplazarse en núcleos familiares pequeños, y poco dada a alejarse de sus canoas. Pero en Wulaia, comenta un bien instruido compañero de viaje, tenían lo más parecido a un centro ceremonial o a una “capital”.
La mezcla de buenas condiciones naturales y abundancia de nativos que evangelizar, atrajeron varios intentos de evangelización de misioneros ingleses. El más funesto fue el de 1859, encabezado por James Garland-Philips, cuyo grupo fue masacrado por los nativos a poco de bajar del barco que los traía. Según la versión del único sobreviviente, un cocinero que se mantenía a bordo y que tuvo que lanzarse al canal para salvar el pellejo, los nativos se habrían arrojado sobre los extranjeros sin mediar provocación, aunque algunos incidentes y desencuentros con la cultura yagán (que poco y nada sabían de propiedad privada, y habrían subido al barco para llevarse lo que les parecía interesante) dan pistas sobre las tensiones entre nativos y forasteros.
Lo más insólito es que el ataque habría sido encabezado por Jemmy Button, uno de los tres yaganes que casi dos décadas antes habían sido recogidos por el Beagle (barco capitaneado por Robert Fitz Roy y donde viajaba Charles Darwin) y llevados a Inglaterra. Ahí se les educó para ser una especie de ejemplo “civilizador”. Sin embargo, Button y sus acompañantes tardaron poco en volver a sus tradiciones.
La silenciosa bahía se siente algo inquietante luego de escuchar la historia. Eso hasta que subimos a un promontorio y no queda más que admirar el paisaje.
Más tarde, en Williams, cuentan que una empresa de turismo y cruceros convertiría la añosa casona que vemos frente a la bahía de Wulaia en un moderno hotel. Nada raro. Ésa sí es una historia conocida.
Datos prácticos
LLEGAR
A Punta Arenas vuelan AirComet, Lan y Sky Airline. Hay tarifas desde $64.900. Luego, a Puerto Williams puede volar con Aerovías Dap (desde 99.548 pesos; dap.cl), o navegar en el ferry Bahía Azul de Transbordadora Austral Broom (tiene asientos pullman –como de bus– por US$ 175, y camarotes desde US$ 210; tabsa.cl).
DORMIR
Lakutaia. El mejor y el único hotel de Williams. Desde US$250 por noche. Tiene programas con actividades incluidas como sobrevuelos al Cabo de Hornos, o viajes a Wulaia en el Victory, un hermoso velero de dos mástiles, equipado para aventurarse cómodamente y con todo incluido. Estará cerrado entre mayo y agosto. lakutaia.cl
Akainij. Es un pequeño hostal familiar, bien cuidado y bien atendido, con camas cómodas y dos dueños, Julio y Gaby, que se encargan de lo que a uno se le ocurra. Tienen transporte propio, son guías y cuentan con su agencia de viajes. Esta pareja es uno de los “alumnos” aventajados del programa de EuroChile. Desde $12.500 con desayuno; tur por el día con visita al Parque Omora, entre otras actividades: $15.000. turismoakainij.cl
AVENTURA
Sim significa Sea, Ice & Mountain, agencia especializada en aventuras, pero también en circuitos más tranquilos. Tienen programas para navegar al Cabo de Hornos, ventisqueros de la Cordillera Darwin, desde y hasta a la Antártica. Desde US$240 por día.
Fuente:radiopolar.com

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