Chiloé es un extenso territorio con una costa de frondosa cordillera que protege de los vientos tormentosos, a campos de suaves lomas y extensas planicies, que se forman después de una caída accidentada hacia el este; formando ríos, lagos, lagunas, bosques y praderas; hundiéndose en un mar interior, y renaciendo una y otra ves en 40 verdes islas, que de las cuales 35 están habitadas, siendo ellas las que desarrollan una intensiva dinámica de vida insular con un gran acervo cultural.
El archipiélago de Chiloé posee diez comunas, de las cuales siete están en la Isla Grande (segunda isla más grande de Sudamérica), y las tres comunas restantes se encuentran en la Isla de Quinchao e Isla de Lemuy: De norte a sur, Ancud, Quemchi, Dalcahue, Quinchao, Curaco de Velez, Castro, Chonchi, Puqueldón, Queilen y Quellón.
Chiloé, pueblo de agricultores y marineros, con una vida entre el mar y la tierra, son ancestralmente carpinteros, artesanos, recolectores, pescadores, buzos mariscadores, y hoy también cultivadores del mar. En sus orígenes el archipiélago fue habitado por un gran número de etnias canoeras, con diferentes lenguas, que luego de ser colonizada por los españoles que se asentaron en el lugar a mediados del siglo XVI, fueron reducidos en comunidades encomendadas, las que dieron como fruto, a la mayoría de los pueblos y villorrios chiloenses. Hoy, mezcla de la conquista, la gente (Gente: auto denominación de los pueblos originarios) y la posterior colonización de otros pueblos europeos, desembocando en un sincretismo cultural de gran valor patrimonial presente en la alimentación, tecnología y hábitos sociales, en lo cual predomina lo originario.
Fuente:patagonia-chile.com

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