Las ruinas de Huanchaca son hoy las construcciones más antiguas de
Antofagasta. Ubicadas al sur de la ciudad, su destruida arquitectura nos permite realizar un viaje a través del tiempo a una época gloriosa. Ubicadas frente al mar, las ruinas de Huanchaca fueron construidas en el año 1888. No eran otra cosa que una refinería perteneciente a la Compañía Minera de Huanchaca que se levantó para procesar el mineral que venía desde distintos puntos de la región, predominantemente de las minas de plata bolivianas. Algunos datos de aquella gloriosa época: la refinería procesaba algo más de 100 toneladas diarias de mineral, del cual se extraían casi 20 toneladas de plata al mes, las cuales se embarcaban por el océano Pacífico a distintos puntos del globo terráqueo. Esta chimenea industrial, hoy inmensamente bella e histórica, cerró sus puertas definitivamente en el año 1902 y a partir de entonces comenzó una larga carrera de olvidos y desgastes. Su cercanía al mar, más precisamente, a los vientos marinos y salados, hizo que sus maquinarias se oxidaran de tal forma que el color rojizo del hierro se apoderó de los viejos muros de piedra maciza hasta fusionarse con ellos por completo.
Hoy, solo la construcción se mantiene en pie, dando al lugar la fisonomía de un viejo castillo medieval que, mirando el mar, espera la llegada de amigos y enemigos provenientes de otros mundos. Cientos son los turistas que diariamente visitan las ruinas, lo cual las convierte en uno de los principales atractivos turísticos. No por nada turistas de todo el mundo eligen las ruinas y el monumento natural La Portada como los dos puntos más destacados para retratar fotográficamente. Mientras los jotes revolotean por el aire y hacen nido en sus viejas paredes, las ruinas esconden en su interior parte de una historia que pronto volverá a estar en boca de todos.