Veinte mil habitantes orgullosos de tu variada geografía, con cascadas, volcanes, lagos, termas y ríos, que no deja de ser admirada -quizás hasta con un poquito de envidia- por ciudadanos cosmopolitas y andarines.
Los isleños de Chiloé alaban a Dios con mucha devoción, seguro por la suerte que tienen. Rezan en alguna de las más de 150 iglesias construidas con gran esmero por religiosos franciscanos, muchas de las cuales son Patrimonio Cultural de la Humanidad, denominación otorgada por la UNESCO.
A los primeros "turistas" hispanos, les debió llamar la atención la isla Grande de Chiloé , la segunda en tamaño de toda Sudamérica, que en la actualidad es una provincia de 9.181,6 Km2 de superficie y 130.000 habitantes, localizada a 1,057 kilómetros de Santiago y a 59 kilómetros de Puerto Montt.
En la zona norte de esta gran isla, se encuentra Ancud, ciudad fundada el 20 de agosto de 1768 por el brigadier español Carlos Berenguer, siendo en la actualidad el sector que tiene mayor contacto con Chile Continental. Su población bordea los 24 mil habitantes.
Su magnífica plaza cuenta con siete torreones de estilo colonial, los cuales rodean una réplica de la goleta Ancud, la embarcación construida por manos chilotas tomó posesión del estrecho de Magallanes en 1843. Otro lugar de visita imprescindible es la avenida Costanera, donde se puede observar el golfete de Quetalmahue, con sus bellísimas entradas de agua y la península de Lacuy.
Castro, capital de la provincia de Chiloé , fue fundada en 1567 por Maño Ruiz de Gamboa. La Plaza de Armas, el Museo Regional, el Museo de Arte Moderno de Chiloé y la iglesia de San Francisco, forman parte de su encanto, un encanto que se consolida en sus singulares palafitos, casas montadas sobre pilotes de madera para protegerlas de la marea alta.
Los atractivos se prolongan a Quellón con su incomparable vista del volcán Corcovado y la posibilidad de visitar las comunidades indígenas de Compu, Chadmo Central y Hauipulli, las únicas de las islas; también a Chonchi, la "ciudad de los 3 pisos", por la madera de ciprés utilizada en sus construcciones; y el Parque Nacional de Chiloé , un reducto de naturaleza salvaje en la isla Grande.
Isla de Chiloé
El largo aislamiento, el clima y la mezcla de dos pueblos, dieron a los pobladores de esta isla un carácter que ha intrigado y atraído a muchos continentales. Sorprendentes resultan sus construcciones arquitectónicas de madera y la creación de herramientas de trabajo adecuadas a sus propias necesidades. Su sistema de creencias, producto de una mezcla entre mitología y catolicismo, es quizás lo que más caracteriza y define el carácter de esta gente cariñosa, amable y profundamente enamorada de su isla.
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